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Wednesday, October 01, 2014

DIAGNOSTICO GENETICO PREIMPLANTACIONAL

Se han publicado los datos de la Sociedad Euro­pea de Reproducción y Embriología (ESRHE) sobre el uso y resultados del diagnóstico genético preim­plantacional en Europa. Los principales datos en él incluidos son los siguientes. En el estudio se incluyen 11.130 ovocitos colectados, 12.8 por ciclo de estimu­lación estudiado. De ellos 62% (6845/11130) se fer­tilizaron y el 76% (5176/6845) de los embriones ob­tenidos se biopsiaron. De los embriones biopsiados, en el 94% (4798/5122) se obtuvo un diagnóstico y de ellos solamente eran transferibles 27% (1275/4798). De todos los embriones transferibles, 70% fueron transferidos y 14% fueron congelados (Human Re­production 29; 880-893, 2014).

Analizando con detenimiento estos datos se puede comprobar la manipulación embrionaria del diagnós­tico genético preimplantacional.

En efecto, se fertilizaron 6845 ovocitos de los que se obtuvieron otros tantos embriones humanos. De ellos se biopsiaron 5176 y se consideraron transferi­bles 892. Es decir, de los 6845 embriones producidos solamente se les dio la oportunidad de vivir a 892 (13%). Otra cosa es que los embriones transferidos dieran lugar a un embarazo y a un niño nacido, pero ello ocurre igualmente en las técnicas de fecundación in vitro en las que no se ha utilizado el diagnóstico genético preimplantacional.

De los datos comentados se puede deducir el gran número de embriones que se pierden cuando se les somete al diagnóstico genético preimplantacional, 87%, según datos oficiales de la ESHRE, circunstan­cia que habrá que tener en consideración al hacer una evaluación ética de esta técnica.

Monday, October 21, 2013

DIAGNOSTICO GENETICO

EL DIAGNÓSTICO GENÉTICO Y LAS BUENAS PRÁCTICAS MÉDICAS
Nicolás Jouve, Catedrático de Genética
Los acontecimientos en relación con los avances en la investigación biomédica se suceden de forma muy acelerada y cuando se presentan a la sociedad a través de los medios de comunicación pueden producir muy diferentes sensaciones. Lo importante es no olvidar todos los detalles y en cualquier caso presentar el hecho sobre el que se informa de acuerdo con el principio de respeto a la dignidad y a la vida humana.
Hace unos meses se anunció el nacimiento de un niño fruto de la selección embrionaria practicada para evitar que padeciese el «síndrome de Inmunodeficiencia combinada severa» (SCID), más conocido como la enfermedad de los «niños burbuja». Si uno se queda en la espuma de la noticia, el hecho en sí es fantástico… nacen niños libres de esta temible enfermedad. Pero en este caso, como en todos los que utilizan la tecnología de la selección embrionaria, por cada niño que nace sano habrán sido descartados y eliminados varias decenas de embriones, incluidos muchos sanos, malogrados por la manipulación necesaria para hacer el «diagnóstico genético preimplantatorio». La objeción ética es evidente, no solo por la eliminación de vidas humanas en estado embrionario, sino por el hecho en sí de cosificar a los embriones y convertir el inicio de la vida en una especie de cadena de producción.
Del mismo modo se procede con los llamados «bebés medicamento», nacidos con la fantástica idea de ser donantes de un hermanito que nació enfermo con anterioridad. A veces donantes no de algo tan simple e inocuo como la sangre de su cordón umbilical, sino de la médula ósea, que ya son palabras mayores. Si nos quedamos con el hecho de que ha nacido un bebé con un sistema de histocompatibilidad compatible con el hermano enfermo con una anemia de Fanconi u otro tipo de enfermedad de la sangre,  nos parecerá bien el buscar el embrión adecuado con tal de sanar al hermano, incluso muy bien. Pero ¿qué ocurre con las docenas de embriones, incluso sanos, carentes del mismo sistema de histocompatibilidad que se quedan en el laboratorio? ¿No es más operativo y rápido buscar una muestra de sangre de cordón umbilical compatible en un Banco de cordones umbilicales?
Quizás una pregunta que nos debemos hacer es ¿para qué deseamos diagnosticar una enfermedad hereditaria, incluso antes de que se manifieste? Al margen de los mencionados casos de los mal llamados «bebés medicamento» -el término ya demuestra el estigma con el que vienen al mundo-, la respuesta parece obvia. Desde un punto de vista ético y de la buena práctica médica el diagnóstico genético debería hacerse para prevenir y curar. Sin embargo, lo que parece extenderse de la práctica del diagnóstico genético preimplantatorio y también del prenatal, no va precisamente en la dirección de curar las enfermedades que se detectan sino de liberar a los padres y a la sociedad de una carga. ¿Se puede decir realmente de un niño enfermo que es una carga de la que hay que librarse?  Lo cierto es que el diagnostico genético -sea preimplantatorio o prenatal- se ha convertido en un instrumento de discriminación por motivos de salud que diferencian a las personas bajo una actitud falsamente compasiva  que determina  la eliminación de la vida discapacitada.
El magisterio de la Iglesia en la instrucción Donum Vita de Febrero de 1982: «se debe condenar, como violación del derecho a la vida de quien ha de nacer y como transgresión de los prioritarios derechos y deberes de los cónyuges, una directriz o un programa de las autoridades civiles y sanitarias, o de organizaciones científicas, que favoreciese de cualquier modo la conexión entre diagnóstico prenatal y aborto, o que incluso indujese a las mujeres gestantes a someterse al diagnóstico prenatal planificado, con objeto de eliminar los fetos afectados o portadores de malformaciones o enfermedades hereditarias».
Del mismo modo conviene recordar el artículo 6º de la Declaración Universal sobre el Genoma y los Derechos Humanos de Noviembre de 1997, que dice lo siguiente: «Nadie podrá ser objeto de discriminaciones fundadas en sus características genéticas, cuyo objeto o efecto sería atentar contra sus derechos y libertades fundamentales y el reconocimiento de su dignidad», y también el artículo 3.2 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (2000/C 364/01): «En el marco de la medicina y la biología se respetarán en particular: …. la prohibición de las prácticas eugenésicas, y en particular las que tienen por finalidad la selecciónde las personas,…»
En el caso del niño que acaba de nacer libre del SCID, algún medio de comunicación tituló la noticia como un: «avance de la lucha contra el síndrome del niño burbuja». ¿Practicar la selección-eliminación de embriones es un avance médico?, ¿destruir una o varias docenas de embriones para quedarme con uno sano es curar la enfermedad? Me gustaría recordar que precisamente en el caso de esta enfermedadexiste desde hace años un protocolo de terapia génica, que permite la curación de estos niños mediante la inserción en las células de  lamédula ósea del gen corrector de la deficiencia enzimática que padecen… ¿No será siempre mejor esto que la práctica de la selección eugenésica de embriones o fetos?
Así las cosas, la pasada semana se publicó en Nature una investigación que abre una vía para atacar la curación del síndrome de Down. Unos investigadores, bajo la dirección de Jeanne B. Lawrence, profesora de Biología Celular y del Desarrollo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts, demostraron que se podría llegar a silenciar el tercer cromosoma 21, responsable de este síndrome. Se trata de aprovechar la vía natural del silenciamiento de uno de los dos cromosomas X, que poseen todas las hembras de mamífero. Un mecanismo que también funciona en el hombre. Se trata de un fenómeno natural por el que en las células de las mujeres uno de los dos cromosomas X queda anulado en su expresión desde las primeras etapas del desarrollo embrionario. El silenciamiento se debe a la actividad de una región conocida comoXIST, y el resultado es la anulación de la expresión de todos los genes de uno de los dos cromosomas X, al azar (paterno o materno) en las células somáticas a partir de un punto inicial del desarrollo embrionario. Esto determina una compensación de dosis génica, ya que mediante este mecanismo, en las mujeres- y en general todas las hembras de mamífero- solo queda activo uno de los doscromosomas X, compensando la expresión de los genes de este cromosoma respecto a los varones, que solo tienen uno. Aunque el trabajo científico solo se ha desarrollado en células en cultivo in vitro, el descubrimiento proporciona un modo de abordar la patología e identificar las vías de todo el genoma implicadas en el síndrome de Down. Es evidente que no se trata de un método de curación sino deun avance en investigación básica que permitirá conocer mejor los factores genéticos implicados en esta patología, para desde esteconocimiento intentar establecer objetivos terapéuticos en las diferentes manifestaciones del cuadro clínico de los Down.
Otro hecho a destacar del trabajo de estos autores es que lo han desarrollado en las células «madre pluripotentes inducidas» derivadas de células de fibroblastos donadas por un paciente con síndrome de Down. Se trata por tanto de otra de los extraordinarias aplicaciones de la metodología de la «reprogramación celular» desarrollada por el grupo del investigador japonés Shinya Yamanaka, premio Nobel de Medicina del año 2012. Una tecnología que además de aportar una nueva vía para producir células con vías a la restauración de tejidos en sustitución de las procedentes de embriones, permite estudiar en el laboratorio las deficiencias genéticas y fisiológicas de las personas con patologías de base genética.Lo cierto es que una patología como el síndrome de Down es de más difícil solución por terapia génica que un síndrome de SCID, o cualquier otra enfermedad monogénica, al tratarse de decenas o cientos de genes triplicados. Ahora bien, de conseguirse el silenciamiento del tercer cromosoma completo estaríamos ante una auténtica compensación de dosis génica equiparando la dotación de cromosomas y genes activos de estas personas con la dotación habitual de dos cromosomas 21 activos.
Llegará el día en que de estas investigaciones se deriven protocolos de terapia que puedan permitir paliar los distintos problemas de las personas que padecen el síndrome de Down. Para entonces, habrá quedado atrás la pérdida de miles de embriones y fetos y tal vez alguien se arrepentirá de haber fomentado el aborto y las políticas eugenésicas.

Wednesday, June 19, 2013

LA DIGNIDAD DE LA PROCREACIÓN Y TÉCNICAS FIV

La ‘fivet’ y la dignidad de la procreación

La FIV vulnera la dignidad de la pareja en su engendrar y la del niño que ha de nacer
      Ha fallecido el aplaudido y nobeleado doctor Robert Edwards a los 87 años. El matrimonio Brown acudió a él para remediar su infertilidad a causa de una obstrucción tubárica que impedía que el espermatozoide alcanzara al óvulo en la trompa de Falopio y se diera así una fecundación y posterior embarazo. Acudieron al Dr. Edwards, siendo el primero en el mundo en realizar una fecundación ‘in vitro’, extracorpórea, con éxito. La niña nació en 1978 y se llamó Louise.
      La fecundación in vitro ha sido muy aplaudida e incluso premiada, pues por éstas técnicas han nacido cuatro millones de niños en el mundo. Ante este éxito, hay que ser razonable y no ocultar las cuestiones éticas de esta intervención técnica en el inicio de la vida, que no desaparecen por el nacimiento de un bebé, siempre están presentes. ¿Justifica la infertilidad la producción y manipulación de embriones en el laboratorio? ¿Es lícito poner precio a técnicas que producen hombres?
      La FIV nació para solucionar problemas de infertilidad a parejas que legítimamente deseaban tener un hijo y no llegaba de forma natural. Robert Edwards y detrás de él muchos médicos y biólogos, pasaron por alto la importancia del diagnóstico y las causas médicas que producen la infertilidad para posibilitar la fecundación de la esposa por el esposo, a todas luces más deseable, costoso y ético, que el embrollo que ha generado la FIV. La FIV no cura la infertilidad, no hace un diagnóstico de la causa del porqué no llega el hijo buscado, sino que produce el hijo manipulando los gametos y en vitro.
      Antes de 1978 solamente había una forma de ser engendrado: a través de una relación sexual. Actualmente se pueden producir bebés de 18 formas distintas. Para hacer FIV se manipuló la verdad poniendo en duda que la vida desde la fecundación sea humana. Se habló de 14 días, semanas y de tiempo de desarrollo como condición necesaria para alcanzar la categoría de humana y de respetable. Los embriones perdieron su valor y han sido utilizados para repuesto y donados a la ciencia. Se vio, también, que el deseo del hijo generaba dinero a mansalva, surgiendo clínicas de FIVET por todas las esquinas. La eugenesia, es decir, la selección de los sanos, es otra consecuencia resurgida con la FIV: se producen embriones y se seleccionan los sanos de los enfermos. Estas son algunas de las cuestiones indeseables y no resueltas de la FIVET.
      El motor del mundo, hoy por hoy, es el dinero, y las cuestiones éticas no quieren ser escuchadas. La producción y selección de embriones, nos dicen, no es una cuestión que nos influya como sociedad, y no es verdad. Todos perdemos algo en cada embrión producido y no respetado, especialmente por nuestra condición relacional y responsable de los más pequeños y vulnerables. La FIV vulnera la dignidad de la pareja en su engendrar y la del niño que ha de nacer. No somos cosas, somos personas sin precio alguno, poseemos dignidad y nos debemos respeto. La comunidad científica sigue teniendo la responsabilidad de llevar a cabo progresos en terapias médicas y quirúrgicas alternativas a la FIVET, buscando las soluciones más éticas y respetuosas con la vida y los esposos. Un cambio de rumbo es necesario.
Isabel Viladomiu

Monday, April 22, 2013

FECUNDACION, CLONACION, GENOMA Y CELULAS MADRE: UNOS CRITERIOS ETICOS

La fecundación artificial
No buscamos ahora esbozar un cuadro global de los continuos progresos que se han dado en el ámbito de la reproducción artificial, sobre todo desde que se empezó a aplicar lafecundación ‘in vitro a la especie humana, una práctica que tiene como punto de arranque simbólico el nacimiento de la primera ‘bebé probeta’ (Louise Brown) en 1978.
Una vez que la técnica se ha introducido ampliamente en el mundo de la procreación humana y que ha generado grandes esperanzas entre quienes desean tener un hijo, millones de personas han recurrido y siguen recurriendo a las clínicas de fertilidad. En muchos casos, se trata de parejas (casadas o en unión libre) afectadas por diversos problemas de esterilidad. En otros casos, sobre todo desde hace pocos años, también acceden parejas que no quieren tener un hijo con una enfermedad genética determinada, o que desean conseguir con certeza un hijo dotado de ciertas características escogidas previamente (según motivos ‘médicos’ o de otro tipo).
Para contentar al mayor número posible de personas, los investigadores ofrecen diversos caminos para alcanzar el resultado solicitado por los padres (o por una mujer en solitario). La lista de posibilidades técnicas es larga: inseminación artificial (homóloga o heteróloga), fecundación in vitro (con la posibilidad de congelar a los “embriones sobrantes”) con sus diversas variantes (ZIFT, TET, ICSI, SUSM), diagnóstico preimplantatorio, donación de embriones y de óvulos, etc.

Tuesday, April 02, 2013

PREEMBRION, SU DECLIVE


El Tribunal Supremo de EE.UU., en la sentencia Roe vs. Wade de 1973, no quiso pronunciarse sobre el momento en que comienza la vida humana. Con este antecedente y con el nacimiento en 1978 de Louise Brown, la primera niña probeta, el más antiguo de los comités de bioética –el británico Ethics Advisory Board (EAB)– tuvo que considerar los aspectos éticos de la fecundación in vitro (FIV) y la posibilidad de investigar con embriones para mejorar estas técnicas.
La regla de los 14 días
Según el informe del 4-05-1979, el embrión humano, en los primeros días, es solo una forma incipiente de vida humana, con una elevada mortalidad natural, y no un individuo, pues la aparición de la “línea primitiva” es uno de las condiciones fundamentales de la individuación del embrión. Se aceptó fijar un intervalo de 14 días después de la fecundación, durante el cual se consideraba que el embrión humano no tenía estatuto especial y era “éticamente” aceptable usarlo para experimentar. En ningún lugar del informe se usó la palabra “preembrión”.
El EAB, que entre sus miembros no contaba ningún especialista en embriología humana, fue probablemente el primero en proponer la regla del día 14, que vino a decir que el embrión humano en la primera fase de su desarrollo es merecedor de respeto, pero no el mismo que se debe a una persona. Sus recomendaciones no fueron aprobadas por las autoridades en aquel momento. En 1980 el EAB dejó de existir.
En palabras de un especialista, “preembrión” era “un ejercicio de ingeniería lingüística para hacer aceptable a la opinión pública la investigación con embriones humanos”
En 1979 se publicó el primer artículo en la literatura científica que usó términos como “preembrión” o periodo “preembrionario”. Su autor era el americano Clifford Grobstein. Unos meses antes el EAB había concluido su informe sobre la FIV, y en medio de la polémica suscitada por el informe, el artículo de Grobstein pasó prácticamente desapercibido.
En 1982 se constituyó en Gran Bretaña una comisión de expertos presidida por Mary Warnock para estudiar una posible regulación legal de la FIV. El informe resultante, publicado en julio de 1984, tuvo una gran influencia no solo en la legislación británica, sino también en las de muchos otros países.
De ser humano a masa de células

Wednesday, March 31, 2010

PROCREAR NIÑOS CON TARAS

Todo arranca de la decisión de una pareja de lesbianas
norteamericanas sordas, Sharon Duschenau y Candy Collough, de intentar
producir por fecundación in vitro un niño que fuera sordo como ellas. Con tal fin una de las dos fué inseminada con
esperma de un varón sordo, que además tenía un historial previo de cinco
generaciones de sordos. Pues bien, al final, parece que consiguieron su
objetivo, tener un niño sordo y así poder formar un grupo, no me atrevo a
llamarlo familia, de sordos.
Este hecho, que a muchos nos parece distante de cualquier
valoración ética positiva, a otros les parece que es merecedor de un más
amplio debate.
En este sentido, Melissa Seimour ha publicado en Bioethics (DOI:
10.1111/j-1467-8519, 2009-01752.x) un artículo en el que de nuevo se
plantea la eticidad de producir niños sordos.
En dicho artículo la autora sostiene que “la valoración ética que
merece la producción de niños sordos no es tan simple como la amplia
respuesta negativa que la comunidad de personas y oyentes sugiere”.
Seimour incluye la valoración ética de la producción de niños con
discapacidades dentro de la ética de la procreación. La nueva lección que
debemos aprender del caso del niño producido sordo, afirma Seimour, es
que en una edad de impresionantes oportunidades de utilizar nuevas
técnicas reproductivas, se necesitan normas éticas, no tanto para valorar si
es correcto o no utilizar dichas técnicas de reproducción, si no si es lícito,
dentro del ámbito de la libertad humana, elegir las técnicas que los padres
consideren más idóneos para conseguir el objetivo que persiguen, todo ello
acorde con el utiliarismo más rampante. Comenta la autora que la eticidad
de reproducir niños sordos no puede ser valorado únicamente en relación al
bien del niño producido, sino con la libertad reproductiva de los padres
biológicos, en este caso las madres, por lo que si esta es prioritaria, la
decisión de utilizar dicha libertad en el sentido que se desee, en este caso la
de producir niños sordos, no puede ser condenable.

Esta teoría ética engarza con la ya defendida por Savulescu,
prestigioso profesor de la Universidad de Oxford, que contrapone el Principio de Beneficiencia Procreativa, que sostiene que
siempre hay que procurar lo mejor para el niño creado, con el de
Autonomía Procreativa, que defiende que la pareja progenitora podría
producir el niño en función de sus propios intereses. Pues bien, Savulescu
se inclina por la prevalencia de la Autonomía Reproductiva, por lo que
Sharon Duschnau y Candy Collough, estarían en su derecho de producir el
niño sordo, que es lo que deseaban.
Ciertamente no parece que la postura de Savulescu sea sostenible,
pues la salud siempre debe prevalecer como un bien sobre la enfermedad y
el derecho a la salud, sin duda, sobre el hipotético derecho a la enfermedad.
A nuestro juicio, siempre el bien del niño debe prevalecer sobre el derecho
de quienes lo producen, especialmente si tal derecho es tan aberrante como
el de producirlo discapacitado.
Justo Aznar