Noticias y opiniones sobre algo muy fundamental hoy y siempre pero en bioetica tal vez hoy mas que nunca ante los progresos de la ciencia. ¿Todo lo que se puede hacer se ha de hacer?
Thursday, September 18, 2014
EUTANASIA DEL ESTADO
Monday, August 05, 2013
EUTANASIA A NIÑOS PARA QUE PADRES NO SUFRAN
Tuesday, May 14, 2013
LEYES SOBRE EUTANASIA
Sunday, May 05, 2013
EUTANASIA EN BELGICA
Friday, December 21, 2012
EUGENESIA
Una de las premisas para ofrecer un diagnóstico prenatal cada vez más precoz a toda la población de embarazadas está basada en el miedo
Algunos sectores de la ginecología que viven de la eugenesia han decidido entrar en política para tratar de impedir que el Gobierno siga adelante con sus planes de proteger la vida del paciente embriofetal, de manera que siga siendo posible su eliminación. Para ellos, los seres humanos fetales más graves, ya no serian pacientes, sino desechos reproductivos que deben ser eliminados en aras del progreso, del derecho de autodeterminación de la madre y en beneficio de la sociedad.
La semana pasada, un importante diario de corte izquierdista, se hacía altavoz de la iniciativa de dos ginecólogas dedicadas al diagnóstico prenatal que han promovido una movilización de la profesión en defensa de la «ley Aido» mediante la solictud de adehesión a un manifiesto que han elaborado. Las promotoras de esta iniciativa son Pilar Martínez Ten, que actualmente centra sus trabajos de investigación en la Clínica Delta en el análisis ecográfico tridimensional del fenotipo de los seres humanos con cromosomopatía y otros síndromes, y Begoña Adiego, también trabajadora de Clínica Delta y dedicada al diagnóstico prenatal.
Dice el conocido diario que han conseguido 645 firmas de profesionales dedicados al mismo negocio de la detección precoz de anomalías, que podría verse perjudicado si eliminar a los pacientes fetales no fuese legal. En el documento redactado por estas ginecólogas y que ha sido entregado a Fernando Román, Secretario de Estado de Justicia, se dice, entre otros tópicos, que «la decisión de interrumpir el embarazo causa mucho sufrimiento. Si la ley no permite la interrupción de la gestación en estos casos [de anomalías fetales graves], a la dramática situación se sumará el desamparo legal que sufrirán las gestantes». Pero más bien lo que les preocupa es una disminución en la demanda de los servicios que prestan y la persecución por la justicia de todos esos licenciados que asesoran en el sentido de eliminar a los pacientes graves y a aquellos que terminan por cometer el feticidio. De estar realmente preocupados por las mujeres tendrían en cuenta que al drama de tener un hijo con anomalías pretenden sumar el trauma de su eliminación intencionada.
Una de las premisas para ofrecer un diagnóstico prenatal cada vez más precoz a toda la población de embarazadas está basada en el miedo. Los defensores del diagnostico prenatal abortista entienden que la población cada día accede más tarde a la maternidad y cada vez se tienen menos hijos al ser promocionada la ideología de la planificación familiar. Como se tienen pocos hijos y a edades avanzadas, la población demanda que se le garantice la «normalidad», sostienen. En efecto, la maternidad tardía hace que la probabilidad de anomalías fetales aumente y el temor a tener un hijo discapacitado justificaría para ellos la necesidad de ofertar el diagnóstico prenatal «para decidir» a toda la población gestante.Su universalización, raiz del negocio, se justifica por la dificultad establecer verdaderos factores de riesgo.Para ellos, el riesgo es equivalente ser mujer embarazada, de manera que sostienen que «todo feto es un malformado hasta que no se demuestre lo contrario».
Con este alarmismo tremendista se promueve el miedo a la enfermedad y al sufrimiento, para generar demanda, desde los sectores de la ginecología que viven de la eugenesia y que ahora ven amenazado su negocio si se pretende proteger la vida de todo paciente fetal eliminando cualquier tipo de discriminación por razón de edad o de salud. Si no se pudiera eliminar al enfermo, la razón de ser del diagnóstico prenatal sufriría un gran varapalo.
Especialmente elocuente sobre el negocio de la eugenesia a través del diagnóstico prental universal es lo que se dice en la introducción del libro «Nociones para el Diagnóstico Prenatal de Malformaciones Embrionarias y Fetales» publicado en enero de 2011 por José Bajo Arenas, siendo presidente de la SEGO y Joaquín Díaz Recasens, siendo presidente de la sección de ecografía de la SEGO. Destacamos la declaración de intenciones eugenésicas que mueve oficialmente a estas sociedades: «La ventaja de diagnosticarlos tempranamente en el primer trimestre radica, como es simplemente deducible, en la mayor facilidad y menor riesgo de interrumpir la gestación» (pag.7)
En España, en último año fueron eliminados unos 3300 seres humanos tras el diagnóstico prenatal bajo el supuesto eugenésico, la cifra asciende a 11000 si computamos los últimos cuatro años, y a 45000 si lo hacemos desde 1985 en el que comenzó la despenalización de este supuesto. Son pocos si los comparamos con los abortos por otras causas, sólo suponen un 3% del total, pero de ellos el 100% de sus madres pasaron por el negocio del diagnóstico prenatal eugenésico. Curiosamente, la probabilidad de que en la naturaleza se dé una malformación congénita (leve o grave) es de ese mismo 3%. Ello quiere decir que en el 97% de las mujeres que acuden a estos negocios todo será normal, pero todas acuden a ellos y muchas con la intención de poder eliminar al hijo en caso de que se le diagnostique algún defecto. ¡Un gran negocio a pesar de que «sólo» aborten el 3%! Algunos feticidios serán directamente acometidos en las unidades que se encargan de su detección, otros nutrirán los establecimientos del aborto y la contracepción por recomendación de los primeros.
Las ginecólogas promotoras de la iniciativa apelan a los conocidos tópicos de los abortistaspro-decisión para seguir generando miedo. Apelan al tópico de que abortar es una «decisión muy difícil», que «obligar» a tener un hijo que nacerá con discapacidad o corta esperanza de vida supone mucho «sufrimiento», que tendrán que «irse a otros países» en los que la vida no esté protegida, que aumentaran los «abortos clandestinos» aunque por personal cualificado que los harán al margen de la ley, que los que cometan el crimen (madres y ginecólogos) quedararán en «desamparo legal», que por «compasión» es preferible «interrumpir» la vida de una persona que morirá pronto, que nacera con gran discapcidad o que necesitará de ingentes recursos para su cuidado.
Sin embargo, todos estos argumentos no son de tipo médico ni racionales, sino políticos o emocionales, es más; son contrarios a la deontología médica y por supuesto no son representativos del sentir de la profesión sino de un sector que vive de ello y que es presa fácil del espíritu que domina, con mentiras, al mundo.
Friday, June 10, 2011
ABUSO DE LA SEDACION
La sedación es, en principio, una práctica terapéutica nada sospechosa desde el punto de vista ético: se trata de evitar al paciente dolores derivados del estado de su enfermedad o de una intervención quirúrgica. Así fue al menos hasta hace apenas una década, cuando comenzó a hablarse de la sedación paliativa. Esta consiste en la sedación del paciente en estado terminal para aliviar síntomas refractarios, aquellos cuyas molestias no pueden ser aliviadas por medio de los medicamentos usuales.
Pero también se dan abusos de esta práctica. Paulina Taboada, directora del Centro de Bioética de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se pregunta, en un artículo publicado en Provida Press, si en algunos casos se está utilizando la sedación paliativa como una variante de la eutanasia.
La discusión terminológica
Paulina Taboada recoge una de las definiciones más utilizadas en la literatura médica sobre sedación paliativa: “La administración intencional de drogas para reducir la conciencia en un paciente terminal tanto como sea necesario para aliviar adecuadamente uno o más síntomas refractarios” (Claessens). Un primer problema que se plantea es la diversidad de prácticas que se incluyen bajo el nombre de sedación paliativa: sedación superficial o profunda, intermitente o continua, aplicada a síntomas físicos o a dolencias psíquicas… Una diversidad que dificulta emitir un juicio global sobre esta práctica.
Requisitos éticos
Los reparos éticos no tienen tanto que ver con la sedación paliativa en sí misma, una práctica terapéutica no reprobable, sino con los procedimientos y los fines con que se está aplicando. Así, Taboada señala que la sedación paliativa se pervierte cuando no se cumplen debidamente los procesos de entrega de información y de consentimiento.
Aunque la mayor desnaturalización de esta práctica se produce cuando el motivo que la anima ya no es terapéutico, sino que lo que se pretende es acelerar la muerte del paciente: “Es sabido que entre los riesgos del uso de sedantes en altas dosis están la depresión respiratoria y el compromiso hemodinámico, que pueden causar la muerte del paciente. Por tanto, un médico podría abusar de la sedación al indicar dosis de sedantes ostensiblemente más altas de las que se necesitarían para un adecuado control de síntomas, con la intención encubierta de acelerar la muerte; o cuando recurre a una sedación profunda en caso de pacientes que no presentan síntomas refractarios, con el objetivo oculto de afectar negativamente sus funciones vitales y causarle una muerte anticipada. Este tipo de abusos se conocen como ‘eutanasia lenta’ o ‘eutanasia encubierta’ y corresponden a actos éticamente inaceptables, que además están penados por ley en la mayoría de los países del mundo”.
Resulta curioso, sin embargo, que los países donde más se practica la ¿eutanasia lenta’ sean precisamente aquellos donde la eutanasia o el suicidio asistido están legalizados, tales como Holanda, Bélgica o Luxemburgo. En parte tiene que ver con que esta variante de la eutanasia permite saltarse gran parte de los trámites que exigen las fórmulas legalizadas.
Además del consentimiento informado del paciente o la necesidad de que los síntomas sean refractarios, Taboada señala otro requisito para la moralidad de la sedación terminal: que no se deje de alimentar o hidratar al paciente sedado. Al perder gran parte de su nivel de conciencia por el efecto de los sedantes, estos pacientes “suelen perder la capacidad de ingerir líquidos y nutrientes de forma espontánea […] Surge entonces la pregunta por la necesidad de implementar medidas de alimentación e hidratación médicamente asistidas”.
© ACEPRENSA S.A.
Friday, February 18, 2011
RECOMENDACIONES CUIDADOS PALIATIVOS
El impulso a los cuidados paliativos y la posibilidad de que los cuidadores de un enfermo terminal disfruten de una baja laboral son algunas de las recomendaciones que la Organización Médica Colegial y la Sociedad Española de Cuidados Paliativos hacen al anunciado proyecto de ley de “muerte digna” impulsado por el Ministerio de Sanidad español.
En opinión de los médicos españoles esta ley representa una oportunidad para “impulsar la divulgación social de los cuidados paliativos y de la solidaridad con el que sufre”, porque “los cuidados paliativos no pueden considerarse como un privilegio sino como un derecho de todos los ciudadanos”.
Entre las doce recomendaciones que hacen estas dos organizaciones médicas figura que esta norma legal se denomine “Ley de calidad en la atención al final de la vida”, ya que “los términos inicialmente empleados (‘muerte digna’ y ‘morir con dignidad’) tienen significados diversos y a veces contrapuestos, lo cual puede inducir a confusión”. De hecho, organizaciones pro eutanasia los utilizan para justificar la anticipación provocada de la muerte.
Piden desarrollar los cuidados paliativos al final de la vida y que todos los médicos reciban formación de este tipo en los estudios de Medicina | |||
Las organizaciones médicas proponen que los cuidados paliativos sean “una competencia básica de todos los profesionales sanitarios, con independencia de su especialidad”. Para ello, consideran “trascendental que la nueva ley establezca la obligatoriedad de la formación en cuidados paliativos en los estudios universitarios, impartida por profesionales con experiencia clínica en esta área asistencial”. En la actualidad, no son estudios obligatorios en las Facultades de Medicina y no todas los ofrecen.
Piden también simplificar la prescripción de fármacos derivados de la morfina para tratar el dolor. En vez de la actual “receta de estupefacientes”, que solo pueden facilitar determinados médicos, sugieren “un sistema más sencillo de registro que facilite el necesario control”.
Para que los pacientes en situación terminal puedan beneficiarse de las prestaciones de la Ley de Dependencia, solicitan un “procedimiento de acceso urgente, pero limitado en el tiempo a un máximo de seis meses”.
La nueva ley debería prever “un equivalente a la baja laboral para el familiar cuidador que facilite la atención del enfermo en el propio domicilio”. Esto supondría un ahorro económico respecto a las estancias hospitalarias, así como una mayor calidad de vida para el paciente.
Recomiendan que la ley no utilice el término “muerte digna” porque puede inducir a confusión | |||
Al ser un derecho de todos, mantiene que la ley “debe contemplar que los niños y los adultos con enfermedades no oncológicas accedan a la medicina paliativa en las mismas condiciones que los pacientes con cáncer”.
También piden que “se garantice el acceso equitativo a unos cuidados paliativos de calidad en todas las Comunidades Autónomas”, ya que actualmente hay mucha disparidad de recursos. Igualmente recomiendan “la creación de equipos de profesionales con formación avanzada y un perfil específico para esta atención”.
Los médicos dan a entender que la nueva ley no debería significar un cambio en las normas deontológicas de la medicina. Por ello defienden que “la nueva ley debe promover el respeto de la buena práctica médica y de los códigos de deontología de las profesiones sanitarias”.
Friday, September 24, 2010
PALIATIVOS Y EUTANASIA
Varios estudios han examinado la relación entre la religiosidad de los médicos y sus posturas sobre la eutanasia y la cooperación al suicidio. En general, los no creyentes son los más partidarios, y los creyentes que practican, los más contrarios. Lo confirma un nuevo trabajo (1) del Dr. Clive Seale (Queen Mary University of London), que además muestra la diversidad de actitudes entre los médicos según su especialidad.
Tras revisar trabajos anteriores, que cita, sobre posturas y prácticas en relación con la eutanasia, Seale diseñó una encuesta para averiguar la relación de unas y otras con tres características de los médicos: origen étnico, religiosidad y especialidad. Respondieron 3.700 médicos que ejercen en Gran Bretaña.
El interés por la etnia se explica porque en Gran Bretaña es elevada la proporción de médicos de origen extranjero, en especial asiáticos. Pero el estudio muestra que no hay relación significativa entre la raza y las actitudes con respecto a la eutanasia, excepto en un caso: la opinión favorable a legalizarla es más frecuente entre los médicos blancos que entre los demás.
Los resultados confirman, en cambio, que hay relación en el caso de la religiosidad. La encuesta preguntaba si el médico había aplicado alguna vez medidas con intención de acelerar la muerte de un paciente. Los médicos que se declaran más alejados de la religión dicen haberlo hecho en proporción casi doble que los muy religiosos, como se ve en la tabla. Algo semejante ocurre con la sedación paliativa hasta la muerte (que no siempre es una práctica eutanásica). Los neutros o poco religiosos están en medio.
Sin embargo, el factor más influyente es la especialidad médica (cuidados paliativos, geriatría, medicina de familia u otras especialidades hospitalarias). Aquí los extremos son los profesionales de paliativos y los de otras especialidades. Estos últimos han acelerado la muerte de algún paciente en una proporción casi diez veces superior a los primeros. Siguen los geriatras y los médicos de familia. Aunque en cuidados paliativos hay más creyentes que en las otras categorías, la relación es independiente de las creencias religiosas: los médicos de paliativos son los más contrarios a la eutanasia, tengan fe o no.
En cambio, no hay relación estadísticamente significativa entre especialidad y práctica de la sedación paliativa.
La encuesta pedía también la opinión sobre la legalización de la eutanasia. Se repiten las diferencias entre creyentes y no creyentes, por una parte, y entre los médicos de paliativos y los demás, por otra.
Lo más significativo quizá sea el rechazo de los médicos de paliativos a adelantar la muerte de sus pacientes, que son todos terminales. Pese a que presencian más muertes que cualesquiera otros colegas, no les afecta el cansancio que podría llevarles a acelerar el final. En el otro extremo, los médicos de otras especialidades parecen tener una actitud distinta respecto a la atención a enfermos terminales, dice Seale. Puede ser una cierta mentalidad utilitarista reforzada por la presión bajo la que trabajan en muchos hospitales.
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(1) Clive Seale, “The role of doctors’ religious faith and ethnicity in taking ethically controversial decisions during end-of-life care”, Journal of Medical Ethics en Internet, 25-08-2010 (doi:10.1136/jme.2010.036194).
Wednesday, July 28, 2010
SEDACION TERMINAL
basados en el Código de Ética y Deontología Médica reflejados en su capítulo VII artículo 27.1, así como en la declaración Ética de la Sedación en la Agonía, aprobada por la Asamblea General de Colegios Oficiales de Médicos el 21 de
febrero de 2009, y que fue elaborada por su Comisión Central de Deontología.
Cuando consideramos que el tratamiento adecuado para el enfermo que, en los pocos días u horas que preceden a su muerte, es presa de sufrimientos intolerables que no han respondido a otros tratamientos, es disminuir la conciencia, además de conocer sus aspectos clínicos debemos tener en cuenta
sus requisitos éticos. Los aspectos éticos de la sedación nos ayudarán a considerarla como una buena práctica médica si está bien indicada, bien realizada y autorizada por el enfermo o en su defecto por la familia. Esta práctica médica representa el último recurso aplicable al enfermo para hacer frente a síntomas biológicos, emocionales o existenciales cuando otros recursos terapéuticos hayan demostrado su ineficacia. La sedación en la agonía, en sí misma, es un recurso terapéutico éticamente neutro; lo que puede hacerla aceptable o reprobable es el fin que con ella se desea conseguir y las circunstancias en que se aplica.
Será aceptable éticamente cuando exista una indicación médica correcta y se hayan agotado los demás recursos terapéuticos. No se podrá convertir en un
recurso que, en vez de servir a los mejores intereses del enfermo, sirva para reducir el esfuerzo médico o el propio sufrimiento de la familia y para aliviar su
pena.
La decisión de sedar a un enfermo no puede tomarse a la ligera por el equipo asistencial, sino que ha de ser resultado de una deliberación sopesada y
una reflexión compartida acerca de la necesidad de disminuir el nivel de conciencia del enfermo como estrategia terapéutica.
Si la sedación en la agonía se realiza ante síntomas difíciles de controlar pero que no han demostrado su condición de refractarios, no se podría considerar
indicada desde el punto de vista ético.
Para poder evaluar, desde un contexto ético-profesional, si está bien justificada la indicación de la sedación paliativa, es preciso que consideremos ciertos criterios.
Su aplicación exige del médico la comprobación cierta y consolidada de las siguientes circunstancias:
1. la existencia de una sintomatología intensa y refractaria al tratamiento;
2. que los datos clínicos indiquen una situación de muerte inminente o muy próxima;
3. que el enfermo o, en su defecto, la familia, haya otorgado el adecuado
consentimiento informado de la sedación;
4. y por último, que el enfermo haya tenido oportunidad de satisfacer sus necesidades familiares, sociales y espirituales.
Es un deber deontológico abordar con decisión la sedación paliativa, incluso cuando de ese tratamiento se pudiera derivar, como efecto secundario, una
anticipación de la muerte. Si se ha realizado la sedación se debe continuar con los cuidados del enfermo.
Su sedación no nos descarga de nuestro deber. Incluso si esta sedación durara más de lo previsto, no podríamos suspender los cuidados básicos e higiénicos
exigidos por la dignidad del moribundo.
La sedación en Cuidados Paliativos no es un tratamiento excepcional. Es una práctica médica que para que sea éticamente adecuada requiere un proceso
de decisión complejo. Por ello, para poder garantizar los derechos de los enfermos, de las familias y de los equipos asistenciales debiera estar presente
en la enseñanza de las facultades de Medicina y en los programas de formación continuada, así como en la conciencia de todos los médicos. Cuando el médico seda al enfermo que se encuentra sufriendo en fase terminal y lo hace con criterios clínicos y éticos no está provocando su muerte, está evitando
que sufra mientras se muere. (Jacinto Bátiz. Diario Médico, 29-VI-2010).
Tuesday, June 22, 2010
EUTANASIA: TRES CASOS POSIBLES
novio y que toma sobredosis de analgésicos, una mujer de 45 años afectada
de cáncer de páncreas y cuyo marido le inyecta una dosis letal de morfina,
y un hombre de 64 años que devastado por el hundimiento de sus acciones
bursátiles se ahorca.
La joven es encontrada a tiempo y se le traslada al hospital; por
suerte no sufre daño hepático. La mujer con cáncer deja detrás un marido
desconsolado que, junto con esa pena, tiene que vivir el resto de su vida
con la culpabilidad de que él fue, en el fondo, quien mató a su querida
esposa. El hombre de 64 años, afectado por la crisis de 1987, era mi padre.
El primero es un intento de suicidio; el segundo, un suicidio asistido,
y el tercero, un suicidio consumado. Se dice que por cada suicidio hay una
media de ocho personas que quedan permanentemente dañadas. Yo soy una
de esas ocho. Dos décadas más tarde he concluido que el suicidio es -no
siempre, pero a menudo- un acto de angustia y venganza, y en último
término, de egoísmo. Puede aplicarse o no al corazón roto de la joven. Con
respecto a ella nos alegramos de que la encontraran y de que la curaran.
Una joven no tiene derecho a morir.
Pero, ¿y la mujer con cáncer? La respuesta puede parecer fácil. Pero,
¿cuánta gente que repite "sí, por supuesto, ella tiene derecho a morir" ha
acompañado a un ser querido durante una enfermedad larga e intensa?
Poner en acción este abstracto derecho a morir es a menudo
responsabilidad no de la persona sufriente, que suele estar demasiado
drogada para tomar una decisión racional, sino de un familiar, alguien que
le quiere mucho. Y no es una responsabilidad que se tome a la ligera.
Primero, porque asistir a alguien al suicidio es ilegal. Y más importante
aún: es una decisión con la que hay que cargar siempre.
¿Y el hombre de 64 años deprimido por sus pérdidas? ¿Tiene un
derecho a morir? No lo creo. He pasado muchos años pensando cómo
podría haber prevenido la muerte de mi padre. ¿Forzándole a ver a un
médico los odiaba- para que le recetara antidepresivos? ¿Y si le remitía a
un psiquiatra y éste le recomendaba monitorización continua ante el riesgo
de suicidio? ¿Le podríamos haber salvado de sí mismo? No lo sé. Pero
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sospecho que si alguien hubiera estado en casa de mi padre en el momento
oportuno y se hubiera cogido la mano y le hubiera dicho que le quería y
necesitaba, quizá aún podría estar vivo. También sospecho que él habría
querido esto último. Que le hubiera gustado conocer a sus cinco nietos.
A diferencia de mi padre, cuando a mi madre le tocó sufrir
intensamente se comportó de modo muy distinto. Cuando se le ofreció una
dosis letal que podría haberle ahorrado una cirugía cerebral a sus 8o años,
cortésmente aceptó el veneno, pero decidió no tomarlo. Ante la elección de
ser o no ser, eligió ser.
La frase derecho a morir es muy fácil de decir. En muchas
circunstancias parece lo más racional, incluso moral. Pero cuando intento
explicar a mis amigos la situación del empobrecido pueblo mexicano donde
viví durante unos años, estoy convencida de que me encontraría con
expresiones de completo aturdimiento. Su lucha por la vida es tan intensa
que la noción de derecho a morir escapa a su comprensión. Esa expresión
inquieta sobre todo en los países ricos y bien educados. Naturalmente, se
puede argumentar: porque somos ricos y estamos sanos, porque vivimos
más y porque tenemos acceso a terapias que curan, estamos también
confrontados con el problema de elegir cuándo acabar con nuestras vidas.
Pero considero que esta elección no es más que otro lujo del Primer
Mundo. Algo que se plantea como un símbolo de autodeterminación y
libertad pero que acaba paradójicamente siendo otra fuente de sufrimiento
(Gabrielle Carey. The Age, 11-V-2010. Traducido y publicado por DM, 28-
V-2010).
Monday, May 24, 2010
EUTANASIA: CONSIDERACIONES
asistido ha vuelto al Parlamento. Durante milenios, la eutanasia (en la que
incluyo el suicidio asistido) ha sido considerada moral y legalmente
injustificable. Las personas que se oponen a ella creen que ni los motivos
compasivos la hacen éticamente aceptable. Pero ¿cuáles son las
justificaciones de los defensores de la eutanasia?
Las personas que la aceptarían por lo general limitan su acceso a
enfermos terminales y como último recurso ante un dolor insoportable.
Estas limitaciones muestran que tales personas creen que cada caso
necesita una justificación moral para ser aceptable. La práctica refleja que
los moribundos solicitan la eutanasia con más frecuencia por el miedo al
aislamiento social y a ser una carga para los demás que por el dolor. Por lo
tanto, ¿es una justificación suficiente evitar la soledad o ser una carga para
los demás?
Algunos han ido más allá, argumentando que el respeto a la libre
determinación implica que los adultos competentes tengan el derecho a
morir cuando quieran, y el Estado no tendría derecho a impedirlo. Por
ejemplo, aducen que a una pareja de ancianos en la que el marido está
gravemente enfermo y la mujer sana se les debe permitir llevar a cabo un
pacto de suicidio. Como dijo Ruth von Fuchs, directora de la Sociedad de
Derecho a Morir de Canadá, "la vida no es una obligación". Pero aunque
Von Fuchs pensaba que esa mujer debería tener un derecho sin restricciones
al suicidio asistido, argumentaba que se le permitiría para evitar el
sufrimiento, el dolor y la soledad asociados con la pérdida de su esposo, es
decir, articulaba una justificación.
Podemos ver cierta tendencia a la ausencia de justificación en
Holanda. El mes pasado, un grupo de veteranos académicos y políticos de
ese país hizo una petición en apoyo del suicidio asistido para los mayores
de 70 años que "consideran que su vida ya está completa". Rápidamente
atrajeron más de 100.000 firmas, más de lo necesario para que el asunto
sea debatido en el Parlamento en virtud de la iniciativa ciudadana.
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¿Y los costes sanitarios como justificación? Aunque esta cuestión ha
sido esquivada por los defensores de la eutanasia, no cabe duda de que
puede ser utilizada como medida de ahorro. La mitad de los gastos
sanitarios en la vida de una persona se producen en los últimos seis meses
de su existencia. Las autoridades de Oregón, donde es legal el suicidio con
asistencia médica, parecen haber adoptado este enfoque. Poco antes de
morir hace un mes, el periodista de Montreal Hugh Anderson escribió en
The Gazette, que Oregón "ha reconocido que cuando las autoridades
rechazan una solicitud para cubrir el coste de un fármaco nuevo y costoso,
envían al mismo tiempo un recordatorio de que el Estado dispone a un
precio asequible de un programa de suicidio asistido".
Las tres décadas de experiencia de Holanda con la eutanasia
muestran claramente la rápida expansión, en la práctica, de lo que es visto
como una justificación aceptable. Inicialmente se limitó a adultos
terminales y bajo ciertas condiciones. Ahora, algunos de estos requisitos no
se aplican. Por ejemplo, los padres de recién nacidos gravemente
discapacitados pueden solicitar la eutanasia para ellos. Hay más de 500
eutanasias al año en las que el adulto es incompetente o el consentimiento
no se obtiene. Y personas de mediana edad -grupo de riesgo de suicidiopueden
utilizarla como un sustituto del suicidio.
De hecho, uno de los responsables de la legalización de la eutanasia
en Holanda ha admitido públicamente que fue un grave error, porque -dijouna
vez legalizada la eutanasia no puede controlarse ( Margaret Somerville,
directora del Centro de Medicina Ética y Legal de la Universidad McGill,
en Canadá. The Mark, 17-III-2010. Traducido por DM, 5-IV-2010).
Wednesday, May 05, 2010
SUICIDIO ASISTIDO
argumento no se basa en creencias religiosas, sino en una firme convicción
en el fundamento ético de la medicina, que es mi vocación. Hipócrates en
su juramento dijo: "A nadie, aunque me lo pidiera, daré un veneno" y
"aplicaré mis tratamientos para beneficio de los enfermos, y me abstendré
de hacerles daño". Creo que esas palabras son tan ciertas hoy como en
aquellos tiempos. Si los médicos asumen la función adicional de acabar con
la vida al mismo tiempo que se trata al paciente y se protege su vida, se
socavaría nuestra credibilidad, la confianza entre el paciente y el médico, y
afectaría negativamente a esa relación mutua.
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Entiendo los argumentos a favor del suicidio asistido, y empatizo con
los pacientes y cuidadores que se encuentran en tales situaciones
desesperadas y que quieren poner fin a sus vidas. Comprendo a quienes
afirman que la autonomía del paciente es tan importante y que una persona
competente debería tener derecho a elegir la muerte. También entiendo los
argumentos sobre la necesidad de compadecer al paciente, a su familia y a
sus cuidadores. Pero, después de haber escuchado esos argumentos, creo
que todos los pacientes merecen tener acceso a cuidados paliativos de alta
calidad y que, si existen, no habría razones para el suicidio asistido.
Cada vez más gente vive más tiempo con enfermedades graves, y
algunos tienen largas y a veces horribles agonías. Sin embargo, los actuales
servicios de cuidados socio-sanitarios están mal preparados y
desprevenidos para satisfacer plenamente las necesidades de la mayoría de
las personas que se hallan al final de su vida. Tenemos que asegurarnos de
que todos los pacientes reciban la mejor atención a la medida de sus
circunstancias personales.
Mientras que los médicos de atención primaria ocupan un papel
central, la atención debe ser completada por especialistas y servicios
sociales. Los pacientes deben poder esperar una atención de gran calidad
para ayudar a aliviar sus síntomas. El acceso a cuidados paliativos de
especialistas, los tratamientos psicológicos y el apoyo social son
fundamentales. A pesar de muchas áreas de buenas prácticas, los pacientes
todavía se enfrentan a una lotería de inconstantes y a veces subóptimos
cuidados. Pero el suicidio asistido no es la respuesta a los males de nuestro
sistema de salud.
Los médicos son, por supuesto, falibles. Un médico puede hacer un
diagnóstico incorrecto o dar un pronóstico impreciso y ello podría conducir
a una innecesaria petición de suicidio asistido. O un suicidio asistido podría
ocurrir de forma innecesaria, justo antes de una nueva terapia que podría
dar una vida más larga y significativa al paciente. Me preocupa que con el
suicidio asistido el paciente pueda sentir que es una carga para sus
cuidadores y solicitar que su vida se termine sin explorar todas las opciones
de tratamiento. O que los cuidadores puedan empujar al paciente hacia el
suicidio, a fin de reducir la carga que pesa sobre ellos -social, psicológica o
económica-, y resultando en la coerción, sobre todo si son social o
económicamente desfavorecidos.
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¿Es posible que los sistemas de salud estén tan cortos de dinero que
tomen la opción más barata de apoyar el suicidio asistido en lugar de
invertir en tratamientos más caros y en cuidados paliativos? Podría ocurrir
en el Reino Unido. Mi preocupación es que el Servicio Nacional de Salud
vea incentivos para negar el tratamiento a personas que considere
demasiado costosas. Hay que recordar que esto ya ocurre en cierta medida
con las decisiones económicas que el Instituto Nacional para la Excelencia
Clínica toma sobre las terapias que pueden prolongar la vida unas pocas
semanas o meses. (Steve Field, presidente del Colegio Real de Médicos
Generales de Gran Bretaña. TheGuardian.guardina.co.uk.22-IV-2009.
Traducido por DM, 22-VI-2009).