EL ECLIPSE
DEL DERECHO
La crisis económica, así como actitudes
dirigidas a una interesada erosión de las instituciones políticas, han
convertido en tópico la afirmación de que en realidad lo que nuestra sociedad
experimenta es una grave crisis moral. Discrepo del diagnóstico. Entiendo que
con ese juego entre economía, política y moral se eclipsa un elemento
particularmente decisivo: el derecho. Este llamativo fenómeno se debería, a mi
modo de ver, a dos razones.
La primera podría caracterizarse como
clericalismo civil y es fácil adivinarla bajo actitudes laicistas no pocas
extendidas, también entre los mismos creyentes. Se considera de sentido común
el siguiente planteamiento: hay ciudadanos cuyas convicciones religiosas
generan determinadas exigencias morales y, en la medida que las consideran de
particular tonelaje, pretenden imponerlas a los demás recurriendo a la
capacidad coactiva del derecho. Este aparece pues como el brazo armado de una
moral de procedencia religiosa. Considero que la realidad de las cosas
invitaría a entender precisamente lo inverso.
Ningún teórico del derecho solvente discute que
el derecho debe ser entendido como un mínimo ético, indispensable para
garantizar suficientemente una convivencia que merezca el nombre de humana. El
derecho no pretende hacer al ciudadano feliz, rico ni santo. Pretende crear un
marco normativo mínimo que le posibilite aspirar a esos o cualquiera otros
objetivos. Las exigencias jurídicas son sin embargo tan mínimas como
indispensables, lo que las convierte en condición previa para cualquier logro
de maximalismos morales.